17 de octubre de 2011

Mientras haya tiempo


 Despedimos a Ariel, parte de nuestra familia extendida. Con mucha tristeza por su joven familia que deberá seguir sin él, pero agradecidos porque mientras vivió su corta vida  no solo fue un padre y esposo ejemplar, sino que  tomó la mejor decisión del mundo, y ahora vivirá por siempre delante de Dios mientras sus generaciones y las nuestras seguimos adorando a Dios juntos.
Hasta que volvamos a encontrarnos para siempre.


La noche sucede al día y el otoño al verano. El cielo diáfano y azul se mudó de pronto en una gris tormenta de las cenizas del volcán.  Sin cesar la vida cambia y la risa se mezcla con el dolor.  El llanto sigue al festejo y en el mismo día hay bodas y funerales sucediéndose.

El miércoles escuché el mensaje "Tiempo", me sentí una rara privilegiada entre los pocos que estábamos la fria y lluviosa noche del miércoles, escuchando hablar del tiempo,  su  valor en vida, y la importancia de invertirlo bién haciendo la voluntad de Dios, para que cuando el fin llegue nos encuentre parados sobre la Roca.
El viernes publiqué mis notas sobre el mensaje. Por la noche nos comunicaban el tremendo accidente que se llevó la vida de Ariel, el joven cuñado de mi hija.

Buscando atenuar el nudo en mi garganta, fui al libro de Job. "Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo he de partir. El Señor ha dado, el Señor ha quitado. ¡Bendito sea el nombre del Señor.  A pesar de todo esto, Job no pecó ni le echó la culpa a Dios" Job 1"20-22 NVI.

El contraste  entre la tibia primavera de sol restallando en colores y la pesada tristeza de mi corazón se acentúo trayendo una ráfaga de invierno a mi alma. Hoy como nunca soy tan consciente de la urgencia de buscar a Dios, de que El sea nuestra roca cada día, que nuestra vida gire a su alrededor . El único que puede darnos paz en la tormenta, esa paz que sobrepasa todo entendimiento y guarda nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús. El unico y dulce refugio cuando la inestabilidad nos amenaza.
En El estamos seguros. Y aunque no entendamos, sabemos por fe que El sigue reinando sobre todo, y tomados Su mano seguimos confiados.

La esposa de Ariel me dijo que los últimos días habían tenido un tiempo especial, como si Dios preparara todo. Habían tenido un tiempo especial con Dios, orando juntos, buscándole, y habían tenido un tiempo especial como familia. Se habían disfrutado...
"La vida es como una chispa - dijo Jorge el miércoles pasado- como agua escurriéndose en los dedos."  Trabajamos y hacemos,  pero la orden diaria es amar, no hacer. Muchas veces por tanto hacer, nos olvidamos de amar, y de disfrutar. Hay dos cosas que son urgentes hacer cada día, estar a cuentas con Dios mediante Su Hijo, amarlo con todo nuestro ser,  Y amar a los demás como nos hemos amdo a nosotros mismos.  Recordemos que las cosas son solo para ser usadas, el trabajo también, la gente es para ser amada.  El trabajo puede esperar un momento, el amor no, la vida no espera a nadie y toda nuestra gran fuerza o presunta omnipotencia no añadirá un segundo a nuestras horas prefijadas.

Tómate un momento para ponerte a cuentas con Dios, regálale un  "te amo" . Toma ahora otro momento, levanta el teléfono, o conéctate y dile a quienes amas que los amas. Y disfruta, aún en la tristeza, disfruta siendo en todo agradecido.  Tienes vida porque aún tienes tiempo. Mientras lo tengas, toma las decisiones correctas. Lo único que tenemos hoy, es el presente.


Ariel invirtíó bien su tiempo, dejando en su familia un legado de cuidado.  Cuida de tu vida, cuida de la vida de otros.  Vive cada día como si fuera tu último día, tu única chance de amar.
"Amarás", la orden diaria, Marcos 12:31,32.



Video: "Mi último día",  Tercer Cielo
Texto: Edith Gero
Imagen:Open Photo

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