Permite el error

 
     "Inténtalo, vuelve a fallar, falla mejor" Samuel Beckett
   
      Un eminente cardiocirujano se sube a la tarima a recibir el reconocimiento por su trabajo, pero al hablar invierte la frase, error común de lo que llamamos "pánico escénico". De inmediato el médico abandona con prisa el escenario.

     He visto repetidamente esto en todo tipo de situaciones, alquien se equivoca y lo primero que hace es abandonar lo que estaba haciendo al fallar.
Lo he visto en mí, por tanto tiempo...
Y no creo que solo a mí me haya pasado el huir, cuando al enfrentarme a una situación con un diseño mental previo me dijeron lo que no quería oir o me equivoqué y dije lo que no quería decir.
Cuando escribí "Permanecer" veía detrás de mí una vida de huídas (aunque tantas veces me jacté de enfrentar sin demora las situaciones). Y también ví el retraso que me causa  salirme antes del tiempo de dejar algo. Es como rendirse sin pelear primero, como abandonar sin haberlo intentado.
No nos quedamos en las situaciones cuando el error llega y  dictamos un fin anticipado que nos priva de lo que podría venir.
Los que alguna vez hemos subido a un escenario sabemos bién que no es el temor a la no aceptación de las personas de lo que huimos, sino de nosotros mismos. Huímos de nuestra propia autoexigencia, huímos de nuestra falta de reconciliarnos cada día con nosotros mismos, tan equivocados y llenos de errores como estamos todos a diario.

     Así como la pausa  no indica que la melodía terminó sino que es parte de ella, así equivocarse es parte de la vida.

      Errar, sentir la verguenza de fallar no solo no signfica que algo se terminó, sino que es una parte totalmente natural del proceso. Todos, absolutamente todos fallamos  y erramos practicamente a diario.
Entonces porqué consideramos la equivocación como un referente para retirarnos de la situación...
El amor, el trabajo, la familia, pero en especial las relaciones importantes de la vida no deben estar en juego a la hora de los problemas.Demos un paso más en esto de crecer, y aprendamos a ver  los conflictos como algo externo, que no implican el fin de la relación. Así es más fácil tratar los problemas, como algo externo.
Suelo decir cuando discuto con alguien por una falla propia o ajena, que la relación no está en juego, con esa premisa, podemos discutir tranquilos. Entendiendo que no es el problema  ni la equivocación "del otro". Porque yo fallo exactamente igual.
Entonces por la ley de la siembra y cosecha, y de la retribución.... si yo hoy soy amable con quien se ha equivocado, y permito que los demás se equivoquen como algo naturalmente parte de todo proceso, me será más facil perdonarme a mí misma y permitirme fallar cuando me pase a mí.

     Permitir  la equivocación propia o ajena, permitir los errores.  Permitir que los demás nos señalen tales errores con toda naturalidad.
Necesitamos que los demás nos marquen lo que no vemos, eso es algo a lo que debemos abrirnos, y en vez de huir, quedarnos. Enfrentar, enfrentarnos, solucionar, seguir adelante.
Estamos en esto de vivir juntos, todos somos seres humanos, todos necesitamos de los demás, de su mirada sobre nuestras vidas.
Todos necesitasmos que nos permitan equivocarnos para poder avanzar.

     Hace un tiempo le preguntaron a un lider de multitudes que tiene una escuela de liderezgo, como hacía para delegar. Esta persona contestó
"Les permito equivocarse y aprender de sus errores".
El problema es tanto la carga de exigencia perfeccionista que ponemos en otros, como la que ponemos en nosotros mismos. Con el rótulo de "perseguir la excelencia" llevamos a los demás y a nosotros a un nivel de presión que suele traer claro, un intenso stress.
Ser exigente  en lo que hacemos es entendible, hay un innato anhelo en todos de la perfección original, como hablamos en el artículo pasado, hay una "memoria" de esa perfección. Pero vivimos en un mundo caído e imperfecto, si no nos empezamos a practicar la tolerancia y la flexibilidad, empezando por nosotros mismos llevaremos las situaciones a niveles de quiebre innecesario.

     Yo tuve una larga lucha con esto por los veinte años que viví en una burbuja de aislamiento. Luego tuve que reaprender cientos de cosas  y siempre  siento que me equivoco y que no estoy a la altura... (tal vez muchos se sientan identificados con esto). Trabajo en aprender a mirar diferente mis propios errores y dejar de juzgar los ajenos, y definitivamente en dejar de huir por mi propia verguenza de equivocarme.
Yo me he equivocado y me equivoco tanto, que solo  puedo tratar con el sentimiento de culpa personal  entendiendo que nos pasa a todos.
He cometido tantos errores con las personas que realmente me importan, que pienso internamente que no importa cuanto tiempo me quede, no me alcanzará para remediarlos porque lamentablemente no basta perdonarnos y entendernos, los demas tienen que permitirnos que nos equivoquemos.
Los que más amamos son los más nos lastiman con sus errores y tenemos que aprender a permitirlos porque ellos también luchan con los nuestros y entre todos vamos aprendiendo que aquello que queremos lograr a veces se encuentra luego de muchos escalones de fracasos y errores.

     Por un momento detén tu pié ante la próxima falla, acalla tu mente que te dice que esta vez se terminó. Y piensa que vale la pena pasar del otro lado del error y seguir adelante.
Con un espiritu de perdón, de reconciliación, de entendimiento. Más flexibles. Funcionamos mejor como células que se amoldan en sistemas que como metal inflexible. La escalera del éxito tiene peldaños llenos de equivocaciones. Y aunque no hubiera éxito, superar el error nos permite seguir caminando
Texto: Edith Gero
Imagen: Impossible Places by www.FreeAmazingpictures.com

Comentarios

  1. Ay querida amiga del alma, cada vez que leo tus mensajes me desarmas. Si intentara nuevamente abrir mi corazón y recibir ese consejo que tanto necesita mi alma. Dios te bendiga Edith.

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