Perdón



  "El perdón desarrolla tolerancia, cambio de actitud, aceptación, y acercamiento. No deje que el resentimiento le gobierne, recorra el camino de la reconciliación." -Sixto Porras-

En toda relación, el perdón es el camino para reconciliar, para no abrazar la ofensa, para dejar de vivir presos del resentimiento. Porque sí, el rencor es una cárcel dónde nos encerramos por propia decisión.

Perdonar es una crisis de la voluntad, no podemos esperar a "sentir hacerlo". Perdonar es obediencia y traerá las bendiciones de obedecer. Abrazar la ofensa y quedarnos en el rencor traerá en cambio las consecuencias de la desobediencia más vivir privados de la libertad de perdonar.
Perdonar no es aceptar, ni arreglar, ni olvidar. Perdonamos al abuso pero ponemos límites sanos con el abusador, perdonamos la traición pero eso no quiere decir que nos quedaremos en un vínculo dónde el adulterio se ha vuelto recurrente.
Perdonamos para sanar, porque no hay sanidad fuera de la obediencia a nuestro Creador y Él lo dijo claramente, si no perdonamos no seremos perdonados.
Perdonar y buscar el perdón son decisiones que pueden traer crisis a nuestra voluntad, pero que inciden para bien en el crecimiento de toda relación.
Cuando uno perdona el lazo espiritual es roto, los sentimientos tardan más en sanar pero si mantenemos la decisión en nuestro corazón de no recurrir al rencor, ellos también sanarán. Tal decisión implica no volver a sacar en reclamo permanente lo sucedido, pero también es un compromiso de quien ha cometido la falta en trabajar por ganarse nuevamente la confianza perdida. Una relación saludable tendrá distancias razonables, "aire" para el otro, respeto por los espacios personales y entendimiento por el impacto que la ofensa ha provocado.
Quien busca el perdón deberá entender el dolor y el distanciamiento del ofendido y trabajar por recuperar la confianza con acciones meritorias.
Perdonar no es decir las palabras mágicas "te perdono" ni "perdóname", es un trabajo interior consciente dónde se debe llegar al centro emocional y confesar todo lo que hay adentro delante de nuestro fiel Dios, y también delante de las personas involucradas de ser posible. Quien reciba tal confesión debe sentirse honrado de recibir la verdad y que la ofensa oculta vea la luz para que la herida pueda ser sanada. La confesión del rencor y el dolor del otro siempre debe recibirse con respeto, no en "reacción" , Y aunque este proceso de "estar en reacción" sea el común en la mayoría relacional:  uno dice su dolor y el otro en vez de pedir perdón busca excusarse o reacciona con acusaciones aún peores, sigue constituyendo una simple venganza, o sea que estar "en reacción" es un proceso opuesto al del perdón.
Una vez  que todo vea la luz  y haya un compromiso de ambas partes con la relación, el camino de la reconciliación se abrirá delante, no importa cuánto sea el daño ocasionado, Dios es un experto reparador de corazones destrozados, y el amor ...
"El amor es paciente, es benigno; el amor no es celoso ni envidioso; el amor no es  presumido ni orgulloso; no es arrogante ni egoísta ni grosero; no trata de salirse siempre con la suya; no es irritable ni quisquilloso; no guarda rencor" 1 de Corintios 13:4-5


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Texto: Edith Gero
Imagen:CC "Puerta del perdón, Sevilla" by Eddy Van 3000/vía Flickr

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