Abrir la mano



Mientras más tratamos de retener algo, más rápido se aleja de nosotros. Apretamos el puño hasta el dolor pero aquello que intentamos aferrar se escurre entre los dedos como agua.
Es un contrasentido (como casi todo en la vida), se supone que si queremos algo debemos aferrarnos a eso y no soltarlo...  Sin embargo por esas misteriosas leyescontrasentido de la vida cuyos caminos son más que intrincados, a veces la más sabia manera de quedarse con algo es abrir la mano y dejarlo ir.

La vida es libre, y elige su propio camino. La esencia del amor es libertad y en libertad traza sus propias calzadas. Las personas también son libres en esencia, y tarde o temprano elegirán sus propias veredas por transitar.
Puedo intentar cerrar todos los demás caminos (del que quiero) para que no se vean, pero de seguro tarde o temprano fracasaré, y cuando al/lo que intento aferrar  mire ya con ojos abiertos la cantidad de caminos y elecciones  de que lo privó mi egoísmo, me detestará. Y seguro ahí si habré perdido mi oportunidad.
Y puedo simplemente abrir la mano. Propiciar la libertad. Dejar que el otro elija quedarse o irse, dejar que la situación llegue y elija mi camino o siga por el suyo. Lo par en la vida no es sobre lo que se pone yugo forzado, sino dos situaciones, personas, circunstancias que convergen para transitar juntas por un determinado tiempo . O para toda la vida. Esto sería realmente un yugo igual o ir a la par, que el yugo tomado sea una coincidencia de libres elecciones.

Si yo suelto lo que aferro, tal vez lo pierda, y vea con dolor cómo se aleja… Pero muchas veces lo que ocurre  ¡es la vida! La vida que es el pájaro retornando una y otra vez a su nido no importa cuántos miles de kilómetros haya migrado en el invierno.  La vida que siempre vuelve a sus raíces. La cosecha que regresa a las manos del sembrador.  El amor que retorna a la casa de su alma.
Nada es nuestro, por tanto de nada sirve aferrarlo, tenderle cuerdas, manipularlo e intentar aprisionarlo. Mejor es ser conscientes  de que significa elegir en libertad. El fruto del episodio de “La Caída” en el origen de la humanidad fue el libre albedrío. Cada uno decide conforme a lo que siente, piensa, desea o entiende. Amor, la orden mayor, es también respetar las decisiones del otro. Hay un límite claro entre luchar por lo que queremos y respetar las decisiones de los demás, no lo traspases. El amor real se escurrirá mientras más intentemos retenerlo, pero en libertad reelige cada día lo que ama.

“Lanza tu pan sobre el agua; después de algún tiempo volverás a encontrarlo”. Eclesiastés 11

Texto: Edith Gero
Imagen: www.fondox.net

Comentarios

  1. Muchas gracias Edith es muy agradable y edificante leer tus artículos, me gustó gracias.

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