El jardín
me enseñó mucho de lo que sé sobre relaciones interpersonales y su cuidado. También
aprendí sobre el trabajo duro, sobre siembra y cosecha, y en fin sobre la vida
misma… Porque aprender a cuidar el jardín es aprender a cuidar de la vida, la
propia y la ajena, como se cuida cada pequeña planta que se atreve a romper el
suelo para exhibir orgullosa su primer par de hojas.
Cuando
cuido del jardín, el jardín también me cuida a mí. Cuidar del jardín no es solo
bueno para las plantas sino también para quien cuida de ellas.
“Todos
tenemos un jardín interior, un jardín al que muchos ni siquiera logran entrar,
permaneciendo fuera toda la vida, como exiliados de sí mismos.” *
Mi jardín es pequeño, sencillo y muy tranquilo, tal vez tan bajo perfil como soy yo que no me gusta lo ostentoso en ninguna forma. Como cuidas y muestras tus jardines exteriores e interiores mostrará más de lo que eres que tus palabras.
Después de
la tormenta es el momento clave para arrodillarse, arrancar las malas hierbas y
remover la tierra henchida de agua buena. Mientras comienzo la tarea, el
perfume de la tierra mojada por la lluvia reciente (“petricor” dicen que
se llama tal misterioso aroma, una palabra poco afortunada según yo para tal
belleza olfativa) y el verde que celebra el riego, se mezclan y penetran
profundamente mis sentidos. A medida que transcurren las horas y las pilas de poda
y malas hierbas se acumulan, doña Sabiduría me habla. Escuchemos, pues, sus
pensamientos.
Sobre
malas hierbas…
A la sombra de una mala hierba, crece otra, y otra… A propósito, la mala hierba
tiene raíces mucho más profundas que el césped, por eso intentar erradicarla en
seco es tarea de necios, se arranca lo visible, pero la invisible y poderosa
raíz sigue ahí. Las malas hierbas proliferan rápidamente, matando el césped y
volviendo estéril la tierra. Cuando quito las malas hierbas de raíz con todos
sus nuevos aliados alrededor, queda una extraña y penosa mancha vacía, pero ese
vacío y pena son necesarios para que lo bueno tenga dónde prender. En la vida y
el alma es igual, y en el jardín de la mente la tarea de deshierbar es tan
imprescindible como diariamente necesaria.
Sobre
la raíz…
Nosotros atendemos lo que vemos, pero el sustento de la planta es su invisible
raíz. Podemos no ver la flor ni el fruto en mucho tiempo, pero si la raíz ha
crecido lo suficientemente profunda, el fruto llegará. Se conocen historias
sobre viñas quemadas por completo, pero un trozo de la raíz madre sobrevivió, y
de ella se hizo crecer una nueva viña. Las copas de los árboles dan refugio a
pájaros y otras especies y nos regalan su sombra protectora, pero es la raíz lo
que mantiene el árbol. Las salvias crecen fragantes y verdes y los colibríes y
abejorros se deleitan en su néctar, pero son su maraña de raíces dónde la vida
se alberga, nutre y fortalece. A los hijos y a los que amamos hay que darles
buenas raíces, para que den buen fruto, para que aprendan a cuidar como fueron
cuidados, para que sean árboles a cuya sombra se resguarden los que necesiten.
Sobre
la copa… Todo
lo que no es raíz y que emerge de la planta es lo que sirve a otros, es
alimento, es sombra, es refugio, y lo que se extiende al cielo… La copa de un
árbol es como sus alas, se extienden al sol y buscan el cielo. Si proveemos a nuestro jardín interior, y al de los que
amamos de raíces que los vuelvan fuertes y que sean refugio dónde puedan volver; y alas para que sean libres y vuelen alto y sean útiles para otros, estaremos
cultivando el buen equilibrio de la vida.
Sobre
siembra y cosecha… Se cosecha según el género de lo sembrado, nadie recogerá mandarinas si
siembra tomates, tampoco se cosecha amor y cuidado si se siembra odio y violencia.
De los gritos no se cosecha una conversación calmada y la incoherencia dará a luz
más incoherencia. Por eso miremos primero mejor que sembramos. Luego toca
cuidar de lo sembrado, cultivar, deshierbar, mantener, con duro esfuerzo y
mucho sudor. En la cosecha también hay parámetros, hay cosechas que se recogen
con facilidad y otras que se arrancan del suelo porque viene el fuego, o la pedrea.
Hay cosechas que se levantan sin mirar el que, y hay otras que se eligen, cada
grano, cada fruto es clasificado artesanalmente. Las cosechas no se regalan a
otros, porque nos ha costado muy duro, pero a veces se deja caer grano mientras
recolectamos para que los pájaros y otros compartan el alimento. Quien ha
sembrado el jardín será el primero en disfrutar su perfume y su sombra en el
estío, pero también vendrán invitados que nunca sembraron ni cuidaron, porque
el jardín como el amor es multiplicador, y acoge a su sombra a trabajadores
esforzados y haraganes que tienden su insolencia al sol. Después de todo,
también Dios hace salir el sol sobre justos e injustos.
Sobre
la coexistencia de especies… A la sombra de grandes plantas solo crecen plantas frágiles, debajo de
cierto tipo de árboles ni siquiera el césped crece. Si pretendes hacer crecer
una rosa bajo el árbol tendrás que moverla de ahí porque necesita sol y aire.
Dos plantas de diferentes especies y tamaños similares pueden crecer juntas
siempre que compartan su espacio y aprendan a reconocerse. Si una crece
demasiado, puede pretender invadir el terreno de la otra y asfixiarla. La base
de la armonía en la coexistencia es el respeto del espacio, tiempos y formas
del otro. El jardín como el amor no es un campo de poder, ni de conquista; es
un campo de amor.
Sobre
huertos y jardines… Huertos y jardines no brotan simplemente de la nada como los bosques o
selvas silvestres, son el fruto de esfuerzo y cuidado constante de los hombres.
Apenas el huerto se abandona, las malas hierbas tomarán lugar, las flores
morirán, los pájaros y abejas huirán a otros huertos al faltar el alimento
preciado. Los árboles ya no darán cobijo porque su sombra está invadida de
otras especies. A veces las plantas tapan todo asfixiándose entre ellas, otras
la tierra se vuelve yerma. Es curioso como de rápido la tierra se vuelve
improductiva y árida, y cuanto cuesta que vuelva a ser fértil. Cuidado y
constancia, válido para todo. Aquí podemos detenernos a pensar como es nuestro
interior y nuestras relaciones, son lugares tapados de malezas o cuidados
jardines y huertos.
Sobre el Jardín del amado… La palabra paraíso viene del griego y significa jardín. En la Septuaginta alude al jardín del Edén. La historia del hombre comenzó cuidando de un jardín, del que penosamente fue echado por su desobediencia, con la simiente de todos nosotros en el mismo acto. El jardín es un ente vivo, y la vida proviene del Creador, no es coincidencia que al jardín se lo cuide de rodillas...
“El
forastero, cuya alma tanto deseaba el amor del Amado, pagó entonces con alegría
el precio que se le pedía, se despojó de las ricas vestiduras que llevaba y que
los hombres llaman Conocimiento y Orgullo y se puso el áspero hábito del
jardinero, el de la Humildad, similar al que llevaba el Amante, y arrojó lejos
de sí el estoque enjoyado que colgaba de su cinto y que los hombres llaman
Ciencia y cogió en su lugar la pala del jardinero cuyo nombre es Búsqueda.
Mientras así hacía pareció que el día, hasta entonces gris y nublado, hacíase
de pronto glorioso y resplandeciente como si el sol hubiese en un instante
apartado las nubes. Así el Amante acogió al forastero como su discípulo y ambos
pusiéronse a trabajar en el Jardín para hacerlo bello a los ojos del Amado.” *
*Robert E Way, El jardín del amado
Foto de Martin Martz en Unsplash
Hermoso, como el jardín. ¡Y el Jardinero!
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